lunes, 26 de enero de 2026

La política como construcción colectiva

 

Por Marcos Joel (FB)

La política como construcción colectiva, contra la oligarquía disfrazada de democracia:
 
La política, en su sentido más auténtico y elevado, no es un espectáculo mediático, ni un campo de negocios encubierto, ni mucho menos un mecanismo de dominación disfrazado de representación. *La política bien entendida es, ante todo, la herramienta mediante la cual el pueblo, en tanto sujeto colectivo y soberano, construye su destino histórico, organiza su vida en común y defiende sus derechos frente al poder concentrado.
 
Sin embargo, en las últimas décadas, especialmente en el contexto uruguayo y latinoamericano en general, esa herramienta ha sido secuestrada, desnaturalizada y puesta al servicio de una minoría privilegiada, una oligarquía moderna que, lejos de ostentar títulos nobiliarios, opera desde los consejos de administración, los think tanks neoliberales, los grandes medios de comunicación y, paradójicamente, también desde dentro de las propias instituciones políticas. 
 
Lo que hoy se presenta como “democracia representativa” suele ser, en la práctica, una ficción institucional, en la que una casta política profesionalizada ejerce una representación formal, pero vacía de contenido popular. Estos actores, aunque elegidos mediante votación, rara vez responden a las demandas reales de las mayorías. Más bien, actúan como intermediarios funcionales entre los intereses del capital financiero y las estructuras estatales, reproduciendo un orden que beneficia a unos pocos mientras naturaliza la precariedad, la exclusión y la despolitización de las masas.
 
Aquí radica el quiebre fundamental, falta el factor control. No basta con votar cada cinco años; la democracia real exige mecanismos permanentes de participación, fiscalización y deliberación. Y ese control no puede delegarse indefinidamente, debe ser ejercido directamente por quienes son, en última instancia, los titulares del poder, el pueblo organizado.
 
Pero ¿cómo se logra eso? No mediante consignas vacías, sino a través de un despertar colectivo sustentado en una conciencia de clase históricamente informada. Esta conciencia no es un automatismo; no surge espontáneamente de la miseria o la indignación. Requiere educación popular, organización territorial, memoria histórica y capacidad de síntesis crítica. Es el fruto de la lucha sindical, del activismo barrial, de la militancia feminista, ambiental, estudiantil y antirracista. Es el motor que impulsa las transformaciones profundas, aquellas que no se miden solo en leyes, sino en relaciones de poder.
 
En este escenario, resulta crucial desmontar la narrativa derechista que, con creciente eficacia, ha colonizado el imaginario público. Mediante una maquinaria mediática poderosa, respaldada por conglomerados económicos con claros intereses políticos, se difunde la idea de que “todos los políticos son iguales”, que “la izquierda fracasó” y que “solo el mercado garantiza el progreso”. Este discurso no busca democratizar, sino despolitizar, convertir a la ciudadanía en consumidores pasivos, resignados a elegir entre opciones prediseñadas por las élites.
 
Y es aquí donde reside la trampa más peligrosa, el poder ya lo tienen. No están “buscando” el gobierno; lo ejercen desde hace décadas, incluso cuando no ocupan la presidencia. Controlan los flujos financieros, influyen en la agenda legislativa, moldean la opinión pública y diseñan las reglas del juego económico. Por eso, su confianza en ganar las elecciones de 2029 no es ingenua, es calculada. Saben que el sistema con sus leyes electorales, sus medios hegemónicos, su judicialización de la política y su sesgo anti-popular, fue construido a su imagen y semejanza.
 
Ellos dictan las reglas. Ellos barajan las cartas. Y, sobre todo, ellos marcan las cartas antes de repartirlas.
 
No se trata, pues, de casualidades ni de “malas gestiones”. Se trata de un orden estructural, profundamente arraigado, que reproduce privilegios y neutraliza amenazas al statu quo. Frente a esto, la única respuesta viable no es la resignación, ni la ilusión tecnocrática, ni la apuesta por “figuras renovadas” dentro del mismo marco. La verdadera alternativa es devolver el poder a su único depositario legítimo, el pueblo.
 
Como enseña nuestra propia historia, desde las luchas obreras del siglo XX hasta las movilizaciones por la vivienda, la salud y la educación en el XXI, solo el pueblo salva al pueblo. No hay salvadores externos. No hay mesías institucionales. Solo existe la fuerza colectiva, consciente, organizada y movilizada. 
 
Y esa fuerza no espera permiso para existir. La construimos todos los días, en cada asamblea, en cada protesta, en cada acto de solidaridad, en cada voto informado y en cada palabra que desafía el silencio impuesto.







El Foro de Davos

 


 

 

EL FORO DE DAVOS, LA CONFRONTACIÓN
GEOPOLÍTICA Y LAS MICROLUCHAS

La Chacra, Canelones, 25 de enero de 2026
Álvaro Jaume (¡siempre REDOMÓN!)

 

(I)

Nuestro lema en la Olla del Tole, que ya va para seis años de funcionamiento, ha sido insistentemente el mismo:
¡LA FUERZA DEL AMO RADICA EN LA DEBILIDAD DEL ESCLAVO!

Cuando el dominado es pasivo, se siente inferior y se resigna por impotencia, no solo engrandece la figura del dominador, sino que le allana el camino para que ejerza su dominación/opresión sin conflicto y sin dificultad. Lo potencia en el ejercicio del PODER. Surge así la impunidad y el despotismo.

Claro que decirlo resulta fácil, o más bien evidente; pero sentir fuerza para rebelarse, sentir (¡no digo pensar!) que “se puede” cuando uno está en el fondo de la bolsa, castigado por la pobreza, por las miserias humanas y por los fracasos, ES OTRO CANTAR. Nada fácil resulta imaginar que es posible torcerle el brazo al gigante, como lo intentó David con Goliat, máxime cuando el grado de dominación es tal que la propia VIDA parecería estar en sus manos.

Tal fue lo que nos ocurrió este año con el tema de la carne y los alimentos básicos que recibimos del Municipio de Toledo y de la Intendencia Canaria. Los poderes ejercidos desde la Alcaldía y el Departamento de Desarrollo Humano amenazaron con restricciones, controles o registros especiales.
Y ocurrió lo imprevisto para las autoridades: ¡REBELIÓN!

Discusión, movilización en la calle y varias negociaciones con diálogo. Finalmente, la cosa se resolvió favorablemente y tuvimos todo lo necesario. Pero bien que nos costó —como colectivo— elaborar primero la reacción y no la resignación; incorporar la reflexión, calibrar riesgos e instrumentar luego una táctica concreta de respuesta.

Fue todo un proceso que, aunque acotado temporalmente, implicó para la OLLA cambiar su auto-percepción de resaca social (estigma que nos persigue cotidianamente) y, por consiguiente, crecer en dignidad. Pero, fundamentalmente, animarse a romper con esa sensación de que “no somos nadie”, de que no importamos y de que de antemano estamos perdidos. ¡CONDENADOS!

Lógicamente, como esta pulseada culminó en triunfo, crecimos significativamente como colectivo social.

Quien viene leyendo se preguntará qué cuernos tiene que ver este “episodio infinitesimal” (algo que tiende a cero) en el marco planetario con relación al título: FORO ECONÓMICO MUNDIAL (WEF), realizado en Davos, Suiza, esta semana que termina.

Son dos las razones que me llevaron a este arranque.

UNA: insisto en la línea de articular teoría con práctica, partir de hechos reales —y de nosotros mismos implicados en ellos— para ir construyendo una NUEVA TEORÍA POLÍTICA que nos permita comenzar a salir del “fondo de la bolsa” en el que hoy se encuentran las fuerzas genuinamente revolucionarias, asfixiadas por este tecno-capitalismo 4.0 que no da tregua con su receta mágica: individualismo, consumismo y adicción tecnológica.

DOS: si analizamos semióticamente todo el desarrollo del Foro —quiénes asistieron, cómo llegaron a Davos, cómo hablaron y qué dijeron—, con la grandilocuente puesta en escena difundida por el mundo entero (era de la comunicación digital masiva), pretendiendo impresionarnos con el triunfo del capitalismo como ÚNICO MODO DE VIDA, confieso que tuve que hacer grandes esfuerzos para no sentirme como se sienten normalmente nuestras olleras y olleros: ¡en el fondo de la bolsa planetaria!

Paradójicamente, lo bueno de la revolución tecnológica es que nos permite a cada uno diseccionar y desmenuzar todo lo que allí sucedió.

Sin duda, este Foro 2026 tuvo mayor relevancia que muchos de los anteriores. Para empezar, hubo cambio de autoridades: ya no está el histórico Klaus Schwab y la presidencia es compartida por el noruego Børge Brende y nada menos que el CEO fundador de BlackRock, Larry Fink, fondo de inversión que cerró 2025 con activos que superan los 14 billones de dólares, cifra jamás alcanzada por capital privado alguno en la historia de la humanidad.

En segundo lugar, asistieron no solo la élite financiera y económica mundial, sino políticos del más alto nivel, como Trump y el viceprimer ministro chino He Lifeng. Numerosa concurrencia que demuestra la jerarquía otorgada al evento.

Pero la singularidad de este Foro es que dejó al rojo vivo las contradicciones de la gobernanza mundial. La confrontación geopolítica quedó al desnudo. Para el globalismo y la Agenda 2030 hubo un retroceso claro. La ofensiva política la tuvieron el “Neocalígula” Trump y sus secuaces —presidentes de América Latina, África y Asia—, pero no Netanyahu (a quien se le prohibió la asistencia), marcando la nueva era antiprogresista (anti-woke) de un capitalismo ultraconservador, “libertario” y guerrerista, combinado con la agresividad imperialista de viejas épocas.

Mientras Trump hablaba, detrás suyo se alineaban al menos veinte dirigentes políticos apoyándolo servilmente. Este Calígula del siglo XXI se dio el lujo de dictaminar cómo será la reconstrucción de Gaza/Palestina, proponiendo una “JUNTA DE PAZ” sin autoridades palestinas, pero invitando países y personalidades, como si el mundo marchara a su antojo.

¿Democracia? ¿Autodeterminación de los pueblos? ¿Libertad?
Tras destruir, matar y masacrar a un pueblo entero, se permitió hablar orondo de reconstrucción inmobiliaria y turística de la Franja. ¡Qué impunidad!

¿Para qué una ONU? ¿Organismos multilaterales? ¿Derecho internacional? Pura cháchara, instituciones descartables.

Y atención: si al inicio de su mandato muchos creyeron que la guerra comercial y política contra China era más pose que realidad, con el secuestro de Maduro y toda la operativa sobre Venezuela quedó en evidencia que la alianza yanqui-sionista actúa dispuesta a todo.

Comprar Groenlandia, intervenir en Irán, apoderarse del petróleo venezolano, administrar fondos venezolanos desde Catar (unos 300 millones de dólares depositados por EE. UU.) y seguir amenazando al “patio trasero” (Doctrina Monroe): Cuba, Colombia, México.

Con Europa desdibujada y en pánico, la única figura que osó confrontar públicamente al “Emperador” fue el primer ministro canadiense Mark Carney. Ex banquero de Goldman Sachs, progre típico, pero con un discurso que trascendió lo políticamente correcto, defendiendo el protagonismo de las potencias medias en oposición a los “imperios depredadores”.

Dijo Carney:
“Los poderosos tienen su poder, pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de llamar a las cosas por su nombre y de actuar juntos.”

La reacción del AMO-T no se hizo esperar: amenaza de aranceles del 200 %. Calígula hacía locuras; este también.

Si algo le faltaba a Davos, lo aportó Elon Musk con su utopía transhumana: robots humanoides OPTIMUS, IA pura, y el pronóstico de que para 2030 desaparecerá el 80 % de los puestos de trabajo.
¡Cerrá y vamos!


(II)

Me sentí identificado con el canadiense porque, desde su lugar de poder capitalista, se animó a disentir, a ser disruptivo ante el clan de burócratas y tecnócratas ultrafachos que manejan el mundo según sus intereses, y llamó a la acción de los débiles.

En la Olla, nuestra gran obsesión es no autodestruirnos, no sembrar peste emocional interna, no errar en quién es el enemigo y contra quién hay que apuntar si se lucha por la DIGNIDAD Y EL CAMBIO.

Este Foro mostró que el enemigo no es monolítico y que tiene grandes contradicciones. Es momento de romper la pasividad. Palestina, Venezuela, Groenlandia, Irán, Cuba nos lo exigen.

Como diría Galeano:
“Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo.”

 

 

 

 

 

jueves, 22 de enero de 2026

Fin de una época


Por Marcos Joel (FB)


El mundo no atraviesa una crisis más dentro de los ciclos habituales del sistema internacional. Lo que estamos presenciando es un reordenamiento profundo, casi geológico, de la estructura del poder global. Las placas que durante décadas sostuvieron una aparente estabilidad, el dominio económico occidental, la ilusión de progreso continuo, la promesa de integración al mercado mundial, se desplazan, colisionan y se fracturan. Este movimiento es cada vez más ruidoso e inmediato, con consecuencias irreversibles. En ese contexto de transformación brutal, Uruguay aparece como un país detenido en el tiempo, aferrado a un relato que ya no se corresponde con la realidad material que lo rodea.
 
La negación opera como mecanismo defensivo de una sociedad que envejece. No se trata solo de un envejecimiento biológico, sino también político, cultural y simbólico. Uruguay se mira a sí mismo con categorías del pasado, con una confianza heredada de un Estado de bienestar que ya no existe y de un orden mundial que dejó de garantizar estabilidad a los países periféricos. Mientras el mundo acelera, el país desacelera, y esa asimetría se paga con marginalidad estructural.
 
El declive demográfico es quizá el indicador más crudo de esta decadencia. Las estadísticas revelan una realidad imposible de disimular, nacen menos personas de las que mueren, año tras año. La base poblacional se estrecha, mientras la cúspide se ensancha. Esta inversión de la pirámide demográfica no es solo un problema previsional o fiscal; es una señal de agotamiento social. Un país que no se reproduce es un país que ha perdido la expectativa de futuro. Sin nuevas generaciones suficientes, se erosionan la creatividad, la innovación y la capacidad de sostener un proyecto colectivo.
 
La disminución sostenida de la población económicamente activa profundiza este cuadro. Cada vez menos trabajadores deben sostener a una población inactiva creciente, lo que vuelve inviable cualquier sistema de redistribución. Esta tensión no es coyuntural, es estructural, y ningún parche técnico puede resolverla sin un replanteo profundo del modelo económico y social. Sin embargo, ese debate no ocurre. Se posterga, se diluye o se oculta detrás de discursos tranquilizadores que ya no convencen.
 
A la crisis demográfica se suma un fenómeno igualmente devastador, la expulsión sistemática de la juventud. Uruguay invierte recursos en educación, formación y capacitación, pero no ofrece un horizonte donde ese capital humano pueda desplegarse. Jóvenes profesionales, técnicos y trabajadores calificados emigran no por deseo, sino por imposibilidad. El país se convierte en una plataforma de formación para el exterior, mientras se vacía internamente de energía transformadora. Esta fuga no es anecdótica; es una sangría silenciosa que compromete cualquier posibilidad de renovación estructural.
 
Quienes se quedan, especialmente en los sectores más vulnerables, enfrentan una realidad aún más dura. El avance de las drogas, y en particular de la pasta base, no puede analizarse como un problema moral ni exclusivamente criminal. Es la expresión extrema de una sociedad que ha abandonado a parte de su población. Allí donde no hay trabajo, ni educación de calidad, ni expectativas reales, la droga funciona como escape y como condena. La autodestrucción no es una elección libre, es una consecuencia social.
 
El Estado, lejos de ofrecer una respuesta integral, administra el desastre. La política pública oscila entre el asistencialismo crónico y la represión punitiva. Subsidios que garantizan supervivencia, pero no dignidad; cárceles que se llenan, pero no resocializan; operativos que exhiben control, pero no transformación. La superpoblación carcelaria no es un error del sistema, sino parte de su lógica, gestionar la pobreza mediante el encierro. Así se consolida una cultura carcelaria que atraviesa los barrios, moldea subjetividades y naturaliza la violencia como lenguaje cotidiano.
 
En el plano político, la ausencia de un proyecto nacional es cada vez más evidente. No hay una estrategia clara de desarrollo, ni una lectura realista del lugar que Uruguay ocupa, y podría ocupar, en un mundo en disputa. Las expectativas depositadas en el actual gobierno se erosionan rápidamente. Las promesas de cambio se diluyen en una práctica de continuidad, moderación y subordinación. El desencanto no genera rebeldía, sino resignación, y la resignación es el terreno más fértil para el estancamiento.
 
Mientras tanto, el contexto internacional se vuelve cada vez más hostil para los países pequeños y dependientes. El mundo entra en una fase de competencia feroz por recursos estratégicos, agua, tierras fértiles, energía, minerales. Las corporaciones transnacionales actúan como brazos ejecutores de esta disputa, avanzando sobre territorios con el respaldo, explícito o implícito de Estados débiles o cómplices. La explotación se presenta como inversión; la pérdida de soberanía, como modernización; el saqueo, como desarrollo.
 
Uruguay, carente de una estrategia soberana, se ofrece como espacio de extracción antes que como sujeto político. No defiende su territorio como proyecto colectivo, sino que lo administra como mercancía. Y en ese proceso, no es solo la tierra lo que se entrega, sino el futuro mismo de su población.
 
El mundo que está naciendo no será más benigno ni más justo. Será más desigual, más violento y menos tolerante con quienes no logren adaptarse. En ese escenario, Uruguay no se prepara para resistir ni para transformarse. Avanza, casi sin advertirlo, hacia una forma de desaparición silenciosa, la de su pueblo como actor histórico. El territorio permanecerá, pero vaciado de sentido, administrado por intereses ajenos. Y el sistema global seguirá su marcha implacable, indiferente a los pueblos que queden en el camino.





 

 

 

 

 

jueves, 15 de enero de 2026

Definiciones con Cardama



Uy Press, 14 enero 2026

Cardama se acerca a su liquidación


VIGO (Uypress) - La situación del varadero Francisco Cardama S.A. en esta ciudad portuaria y con una importante cantidad de astilleros, es seguida con mucha atención por los varios acreedores de la empresa, por la imagen internacional de la industria naval, en particular militar de Galicia y de toda España.

Puede ser un tema árido pero el público uruguayo tiene el derecho de conocer técnica y precisamente todos los elementos de este caso.

La conclusión más clara analizando todos los elementos, es que Cardama S.A. está muy cerca de tener que convocar a un concurso de acreedores, al perder definitivamente el contrato de 84.200.000 euros con el estado uruguayo, para la construcción de 2 patrullas oceánicas OPVs de 86 metros de eslora y 1.700 toneladas de desplazamiento.

No se trata solo de un tema técnico, sino político, porque a través de las denuncias en la fiscalía uruguaya y en la policía nacional española contra Cardama, además de los aspectos patrimoniales, está la posibilidad de iniciar un proceso por estafa internacional y por falsificación de firma. Todos hechos que ocurrieron durante el mandato del gobierno de Luis Lacalle Pou y del ex ministro Javier García. Y esto tendría implicancias penales, también para los mandos de la Armada en esos momentos.

En particular, porque Mario Cardama ha declarado que la empresa de papel (EuroCommerce) de la garantía falsa le fue indicada por el gobierno anterior y avalada por ellos en Montevideo, más de 10 meses después del plazo establecido en el contrato.

En este momento se está procesando una etapa fundamental, la culminación del informe de la sociedad clasificadora Bureau Veritas sobre la construcción de las patrulleras y es la pieza clave que determinará si el gobierno de Yamandú Orsi mantiene el contrato con el astillero español Cardama o procede a su rescisión definitiva por incumplimientos técnicos y sospechas de irregularidades.

Bureau Veritas fue contratada por el Ministerio de Defensa Nacional como una "tercera parte independiente" para realizar una auditoría técnica profunda ante las versiones contradictorias entre el astillero y los informes de la Armada Nacional.  La clasificadora ya finalizó el relevamiento en el astillero de Vigo y se encuentra en la etapa final de redacción.

El gobierno uruguayo espera recibir las conclusiones oficiales a mediados de enero de 2026. El informe debe validar si el avance de la obra es real (el astillero dice que va según lo previsto; la Armada reportó anteriormente que apenas se habían completado 16 de los 44 bloques de la primera OPV).

El informe de Bureau Veritas tiene el objetivo de certificar internacionalmente lo que los oficiales ya adelantaron. Si Bureau Veritas coincide en que el buque se construye con "criterio de carguero" o que el avance es insuficiente, el Estado uruguayo tiene la prueba "reina" para rescindir el contrato sin pagar indemnizaciones.

Enero es un mes crítico, porque el contrato original estipulaba que para este mes el astillero debía acreditar la recepción e instalación de los motores principales Caterpillar de la primera patrullera (C-250).

Los inspectores de la Armada uruguaya en Vigo reportaron que los motores no han llegado al astillero.  Aunque Cardama alegó retrasos externos, el gobierno uruguayo sostiene que Caterpillar canceló el pedido debido a la incertidumbre legal y la falta de pagos por parte del astillero a todos sus proveedores.

En la construcción naval, los motores de este tamaño deben instalarse antes de cerrar el casco (cubierta). La falta de estos motores genera un efecto dominó, una parálisis estructural, al no poderse unir los bloques superiores del buque sin haber bajado antes los motores a la sala de máquinas. A lo que se suma la incertidumbre técnica, si Cardama intenta comprar otros motores (que no sean Caterpillar), el diseño del buque (OPV-87) tendría que ser recalculado por completo (peso, balance, vibraciones), lo que invalidaría los planos originales aprobados por Uruguay.

Ante la imposibilidad de cobrar el hito de los motores, el astillero realizó una maniobra que el gobierno de Orsi calificó como "maniobra desesperada" Cardama notificó la puesta de la quilla del segundo buque en diciembre de 2025 para intentar reclamar un pago de US$ 12 millones de euros. El estado uruguayo rechazó este pago, argumentando que la segunda quilla se colocó "al revés" y de forma apresurada, sin haber terminado siquiera la estructura básica del primer buque.

Se espera que en los próximos días el informe de Bureau Veritas confirme oficialmente, si los motores existen y están en tránsito (poco probable). Si el astillero tiene capacidad real de instalarlos en el corto plazo. El estado de la garantía de fiel cumplimiento que debería respaldar esta compra, es confirmadamente falso.

Sin los motores Caterpillar 3516, el proyecto es actualmente una "cáscara de acero" vacía. El gobierno uruguayo ha dejado claro que no aceptará motores de otra marca o procedencia sin un nuevo proceso de licitación, lo que prácticamente pone fin a la viabilidad del contrato con Cardama.

La propulsión contratada son dos motores Caterpillar 3516. Este es el punto crítico: si los motores no están instalados y certificados en enero de 2026, el contrato se considera incumplido. En cuanto a la capacidad operativa, incluye la cubierta de vuelo para helicóptero (tipo Bell 412 o Panther). El hangar para mantenimiento de aeronaves. Lanzamiento de dos lanchas rápidas de intercepción mediante rampas en popa. Un cañón principal de 30mm y dos ametralladoras 12.7mm.

Un informe interno de la Armada de diciembre de 2025 concluyó que el astillero había reportado "avances de obra falsos" para intentar cobrar hitos de pago que aún no se habían materializado físicamente en las gradas de Vigo.

Los capitanes de navío Ismael González y Héctor Cardozo son los oficiales superiores destacados permanentemente en el astillero de Vigo. Sus funciones son:

Reporte de avance físico: Han sido quienes alertaron que, mientras el astillero declaraba hitos cumplidos, en realidad solo había 16 de los 44 bloques del primer buque ensamblados.

Denuncia de "Criterio de Carguero", los oficiales informaron en diciembre de 2025 que Cardama estaba utilizando técnicas de construcción propias de buques comerciales/cargueros y no de buques de guerra, lo que compromete la estabilidad y la reserva de flotabilidad del OPV-87. Alertas de seguridad:, reportaron fallas en la calidad de la soldadura y en la procedencia de algunos materiales de acero.

La relación entre los informes de los oficiales uruguayos de la Armada en Vigo y el de Bureau Veritas es de sinergia técnica y validación jurídica. Mientras que los oficiales actúan como los investigadores sobre el terreno, el Bureau Veritas funciona como el "perito internacional" cuyo veredicto tiene validez legal ante tribunales internacionales.

La respuesta del ex ministro de Defensa de Uruguay Javier García, en la interpelación a la actual ministra Sandra Lazo, fue calificar a estos dos oficiales de espías y agentes al servicio del actual gobierno, que tuvo amplia repercusión aquí en Vigo y motivó que los dos altos oficiales reclamaran un tribunal de ética, en Uruguay.

A estos aspectos referidos a la construcción, hay que agregar las varias denuncias ante la Fiscalía especializada en Montevideo por parte de la Presidencia de la República debido a sospechas de irregularidades administrativas.

Presunto fraude en garantías, la principal acusación radica en la presentación de una garantía bancaria por 4.100.000 de euros que supuestamente provenía de un fondo de inversión sin solvencia real. La fiscalía investiga si hubo un engaño deliberado para poder firmar el contrato original de 82 millones de euros, por parte del gobierno Lacalle-García.

Abuso de funciones, la Fiscalía de Delitos Económicos también investiga el proceso de selección de 2023, cuestionando por qué se eligió a Cardama (un astillero sin experiencia previa en buques de guerra de este tamaño) por encima de ofertas de astilleros de renombre mundial.

La Policía Nacional en España está investigando la falsificación de firmas en los documentos de garantía,  Si se demuestra que hubo fraude o estafa, el contrato queda anulado por vicio de consentimiento. Esto facilitaría el embargo de activos de la empresa o de sus directivos para cubrir la deuda con el Estado uruguayo.

Si el juicio avanza en estas condiciones de pruebas y de documentos probatorios, el Estado uruguayo podría solicitar medidas cautelares sobre, sobre el acero ya comprado. Las piezas de las OPV que ya están en el astillero (unos 16-20 bloques) pertenecen técnicamente a Uruguay por los pagos ya realizados. Y el embargo preventivo de las cuentas de Cardama en España para asegurar que el dinero no desaparezca durante el juicio.

Estado tiene pocas probabilidades de recuperar los 30 millones de forma inmediata. La estrategia actual es "congelar" todo pago futuro, mientras Cardama reclama por la segunda quilla y acumular evidencia técnica con Bureau Veritas para forzar una negociación donde el astillero devuelva parte del dinero o ceda los materiales a otro constructor.

En este sentido a inicios de 2026, la situación patrimonial de la empresa y sus propietarios es la siguiente:

Históricamente, Cardama ha sido un astillero de tamaño medio (pyme en términos europeos) especializado en remolcadores y barcos de pesca. El contrato con Uruguay (82 millones de euros) representaba un salto de escala para el que, según los informes de auditoría, la empresa no estaba patrimonialmente preparada.

Reportes financieros de finales de 2025 indican que el astillero presenta un alto nivel de apalancamiento (deuda). Gran parte de su operativa reciente ha dependido exclusivamente de los adelantos enviados por Uruguay

Su principal patrimonio es la concesión de los terrenos en la zona de Bouzas (Vigo) y la infraestructura de gradas. Sin embargo, en España las concesiones portuarias no siempre son embargables de forma directa.

Dependencia del contrato OPV, si el contrato se rescinde definitivamente este mes, el astillero quedaría en una situación de pre-concurso de acreedores, ya que no tiene otros contratos de magnitud similar para cubrir los costos operativos y las deudas contraídas con proveedores (como la deuda pendiente con Caterpillar).

Estructura Accionaria, se trata de una sociedad anónima cerrada. La mayoría de las acciones pertenecen a la familia directa. Responsabilidad de los Socios: En las Sociedades Anónimas españolas, la responsabilidad de los accionistas está limitada al capital aportado, esto significa que, ante un juicio por incumplimiento, es difícil ir contra el patrimonio personal (casas, cuentas privadas) de Mario Cardama o sus herederos, a menos que el Estado uruguayo logre demostrar "levantamiento del velo".

Esta es la estrategia que el gobierno uruguayo estará evaluando. Si se demuestra que los propietarios usaron la empresa para cometer un fraude premeditado (como la falsificación de las garantías), la justicia española podría permitir que Uruguay persiga los bienes personales de los directivos.

Desde aquí no puedo saber si los responsables de todo este proceso fraudulento y lleno de irregularidades del gobierno anterior, Lacalle, García, el almirante Jorge Wilson y otros funcionarios civiles y militares permite reclamarles su responsabilidad patrimonial, o solo la parte penal. La brutalidad de los actos de corrupción y la estafa al estado uruguayo es realmente muy grave.






 

martes, 13 de enero de 2026

Camino a la decadencia




El desafío de la izquierda: volver a ser revolucionaria. 

José W. Legaspi
Uy.press 5.12.25


Frente Amplio pos-2000: de la esperanza a la administración

 

Durante décadas, la izquierda uruguaya debatió obsesivamente sobre su identidad: ¿debía ser "democrática" al estilo frugoniano, o "ortodoxa" al modo arismendiano? ¿Era heredera de un humanismo socialista liberal o del marxismo clásico adaptado a la realidad dependiente del país? El juego de espejos se volvió interminable. Pero el problema real -el que atraviesa a la izquierda desde el siglo XXI- no está en esa falsa dicotomía. No es cuestión de elegir entre la democracia liberal como dogma o la ortodoxia como refugio identitario. El verdadero desafío es volver a ser revolucionaria.

Desde los 2000 en adelante, el Frente Amplio transitó un camino que va desde la esperanza popular, acumulada durante décadas de resistencia, hasta la administración responsable del capitalismo criollo. No es un proceso local: forma parte de una tendencia mundial en la que la izquierda, cercada por los límites del Estado liberal, aceptó ser gestora respetable del orden en vez de fuerza transformadora.

Pero en Uruguay este proceso tiene características históricas profundas: un movimiento que nació como síntesis de la rebeldía obrera, estudiantil y popular, terminó convertido en maquinaria electoral, programática, institucional, más preocupada por la gobernabilidad que por la emancipación.

Lo que sigue intenta pensar ese desplazamiento y proponer un punto de inflexión: la izquierda no tiene futuro si renuncia a su carácter revolucionario.

El mito del "debate democrático-ortodoxo" como desvío histórico

Durante años se sostuvo la idea de que la izquierda debía definirse entre dos polos:

  • Demócratas, defensores de una modernidad política liberal y pluralista,
  • Ortodoxos, supuestos rehenes de la teoría revolucionaria del siglo XX.

Ese debate, instalado por historiadores y analistas, funcionó como cortina de humo. La izquierda quedó atrapada en una discusión de museo mientras la ofensiva neoliberal avanzaba sobre derechos, subjetividades y condiciones de vida.

El FA pos-2000 consolidó esa trampa: convirtió la identidad política en un equilibrio simbólico entre estas dos tradiciones, cuando en realidad ambas -cada una a su modo- habían sido herramientas históricas para enfrentar al capitalismo dependiente.

La oposición demócrata/ortodoxa nunca fue un destino: fue un momento táctico de una izquierda que pensaba en clave de lucha por el poder.

La pregunta decisiva sigue siendo otra: ¿para qué existe la izquierda si no es para transformar radicalmente la sociedad?

La metamorfosis del Frente Amplio: del proyecto histórico a la administración

La llegada al gobierno en 2005 marcó la coronación de un largo ciclo de acumulación política. Pero también inauguró su reverso: la absorción del FA por el Estado y la conversión del militante en funcionario.

El Frente Amplio pos-2000 vivió tres procesos simultáneos:

a) Tecnocratización del horizonte político

La planificación reemplazó a la estrategia. La gestión sustituyó a la táctica.
Se gobierna "bien", "seriamente", "responsablemente".
Pero la gestión eficaz no es revolución: es reproducción del orden bajo mejores modales.

b) Desmovilización de la base social

Los movimientos sociales que empujaron al FA hacia el poder fueron progresivamente institucionalizados o neutralizados.
La energía transformadora se volvió "participación en mesas de diálogo", "consultas", "agendas", pero rara vez acción directa.

c) Reducción del horizonte ideológico

La palabra revolución desapareció de los documentos oficiales.
La palabra capitalismo se volvió impronunciable.
El socialismo, un recuerdo romántico.

Como resultado, el FA dejó de ser un movimiento histórico para convertirse en un partido de gobierno. Y cuando el gobierno se vuelve un fin en sí mismo, la política deja de ser herramienta de transformación para ser ejercicio de estabilización.

El progresismo como límite: la izquierda que dejó de incomodar al poder

El progresismo pos-2000 logró avances sociales importantes -redistribución, ampliación de derechos, políticas públicas más robustas-, pero dejó intactas las estructuras de poder económico.

Se ganó ciudadanía; no se alteró la dominación.
Se amplió la igualdad formal; no se tocó la desigualdad material.

El progresismo se volvió el rostro amable del capitalismo periférico.
Una izquierda sin conflicto, sin antagonismo, sin ruptura posible:

  • Una izquierda que negocia, pero ya no disputa.
  • Una izquierda que administra, pero ya no confronta.
  • Una izquierda que celebra reformas, pero no imagina revoluciones.

La promesa de "ser mejores gestores" que la derecha es la peor derrota ideológica.

El vacío teórico: cuando la izquierda abandona la crítica radical

La pérdida del horizonte revolucionario no fue solo práctica; fue teórica.
A partir del 2000, la producción intelectual de la izquierda se refugió en:

  • categorías sociológicas neutras
  • el lenguaje del desarrollo y la innovación
  • el tecnocratismo de políticas públicas
  • la obsesión por la gobernanza

Se abandonó la crítica del Estado como aparato de clase, la crítica del imperialismo, la crítica de la propiedad privada y la crítica del capital como relación social.

Se olvidó algo básico: no se puede transformar aquello que se deja de analizar en términos de poder.

Recuperar la palabra revolución: tarea urgente

Reivindicar la revolución en el siglo XXI no implica repetir esquemas del pasado. No se trata de levantar modelos ajenos, ni reescribir manuales soviéticos, ni reanimar nostalgias.

Significa algo más simple y más profundo:

  • volver a nombrar al enemigo: el capital;
  • volver a pensar el poder desde abajo;
  • volver a confiar en la organización popular;
  • volver a creer que la historia puede romperse.

Volver a ser revolucionarios es volver a politizar la vida, volver a disputar el sentido común, volver a incomodar.
La izquierda que no molesta al poder es una izquierda decorativa.

Recuperar el Frente Amplio como herramienta de lucha

No se trata de abandonar el FA, ni de destruirlo, ni de reemplazarlo. Se trata de recomponerlo como movimiento político-social, no como maquinaria electoral.

Esto implica:

  • recuperar la mística de base, no la logística de campaña;
  • reconstruir cuadros ideológicos, no consultores;
  • articular luchas sociales y sindicales, no solamente bancas parlamentarias;
  • hacer del programa un horizonte transformador, no un documento de marketing.

El FA debe volver a ser lo que fue: la síntesis de una voluntad de cambio radical.

Si no lo hace, será una fuerza agradable, competente, razonable... y absolutamente incapaz de modificar la estructura injusta del Uruguay contemporáneo.

Conclusión: ni demócratas ni ortodoxos - revolucionarios

La izquierda uruguaya no necesita definirse frente a debates del pasado. Necesita responder una sola pregunta: ¿quiere administrar el capitalismo o transformarlo?

Si quiere lo primero, ya tiene el camino avanzado.
Si quiere lo segundo, debe volver a ser una izquierda de ruptura: crítica, militante, estratégica, organizada.

La historia no espera a quienes dudan. La izquierda que renuncia a su vocación revolucionaria deja de ser izquierda.